
A tres meses de las elecciones generales el panorama para el PSOE es desolador, mientras que las expectativas justifican con creces la euforia en la que vive instalado el PP. Alfredo Pérez Rubalcaba no ha logrado atenuar la desventaja electoral con su precampaña electoral y Mariano Rajoy se vislumbra cómodamente aposentado en una probable mayoría absoluta holgada.
La encuesta de Metroscopia para EL PAÍS, realizada después de la reforma ultrarrápida de la Constitución, muestra que la ventaja del PP se mantiene inalterable, en 14,1 puntos, y con unos datos que refuerzan la impresión de pesimismo y hasta derrotismo de los votantes socialistas, que ven la catástrofe como irremediable.
El sondeo no está territorializado y, por tanto, es imposible hacer la atribución exacta de escaños, pero permite deducir que el PP podría llegar a superar los 185 escaños, 10 más de la mayoría absoluta, mientras que el PSOE estaría por debajo de los 125 de la debacle de Joaquín Almunia en 2000. Esa previsión electoral se agrava porque el candidato socialista, en cuyas espaldas recae la difícil tarea de atenuar el desgaste del Gobierno socialista, empieza a recibir las valoraciones negativas que antes sufría José Luis Rodríguez Zapatero.
Rubalcaba no ha podido poner distancia del presidente del Gobierno y se ve afectado por su mala valoración. Los estereotipos negativos que antes recaían sobre Zapatero, como la improvisación y la falta de confianza, los absorbe ahora Rubalcaba, sin posibilidad alguna de que su imagen y su discurso sean un acicate de movilización electoral.
Así, hace un poco más de un mes, en el anterior sondeo, un 53% de los votantes socialistas decía que Rubalcaba tenía un plan claro, mientras que ahora eso solo lo sostiene el 37% y hasta el 56% asegura que improvisa.
Tiene mucho que ver con eso la extraordinaria movilización y euforia de los del PP, frente al pesimismo de los del PSOE que dan casi por perdidas las elecciones y dan muestras de cierto desistimiento. Por ejemplo, el 81% de los votantes del PSOE da por hecha la victoria del PP; el 63% considera que hagan lo que hagan todo está perdido y solo el 65% de ellos prefiere una victoria socialista. Dicho de otra forma, al 35% de los votantes del PSOE le da lo mismo que gane el PP.
Esa desidia hace previsible una participación electoral baja, por la tendencia a la abstención de los votantes socialistas. Según Metroscopia, esa participación podría ser del 70%, cinco puntos por debajo de la de 2008 y similar a la de las elecciones de 2000, cuando José María Aznar logró una mayoría absoluta holgada, con una ventaja de 10 puntos. La ventaja estimada ahora es de 14 puntos, con el agravante de las dificultades para el PSOE en las dos comunidades que más peso en escaños tienen: Cataluña y, sobre todo, Andalucía.










































































