
Esta es la contestacion al artículo: "Salvemos a los niños". En primer lugar decirle a este padre preocupado por los niños que “desinteresadamente” ofrece su versión sobre unos hechos, es que si se cuenta algo, primero hay que enterarse bien, y después contar toda la verdad, no una simplificación interesada y de muy corta inteligencia o de larga maldad. Este adolescente que tan buen trabajo según usted desarrolla, se encontró con una respuesta desacertada, sin lugar a dudas, pero tendría que reflexionar acerca de los modos y de las formas que trata a los niños y a sus padres, e intentar dar un mismo trato a todos, y no fue así.
Y es que la historia viene de mucho, mucho antes, y el coordinador está el tanto de, como por ejemplo: ¿A qué viene preguntar a su madre que “piense bien si realmente debe ir al futbol el hijo porque, según él, está muy descentrado o no le ve futuro? ¿Acaso conoce usted algún niño que con 4 años este muy centrado o ya sea una figura? y ¿Porque solo a él? Otros niños, por ejemplo, han entrenado alguna vez con ropa del colegio y no ha pasado nada. Pregúntese también porque no le llama por su nombre al niño y utiliza un mote comparativo. Y algunas cosas más que no digo ¡Claro que sus padres están ya a la que salta¡ Normal creo yo, y usted como en su escrito indica.
En la cadena de hechos que transcurren desde la llamada de atención, al follón que se montó después, no pasó nada “de repente” como dice usted, hay una serie de comentarios por parte del “adolescente entrenador”a un grupo de padres, acerca de la discusión que no viene al caso, desplantes y desprecios por parte del “adolescente entrenador” que se vienen repitiendo en el tiempo y me gustaría que usted, que tan fácil relata y dicta sentencia sobre los hechos (falseando la verdad por falta de realismo ya que no hubo golpes) y ,además, dice no acertar a catalogar el comportamiento de este “segundo padre” en su escrito, ¿Qué habría hecho si su hijo fuese el centro de dichos desprecios o desigualdades, como quiera, y después de haberlo puesto en conocimiento del coordinador, la cosa siguiese igual y sufriese un trato diario que raya la discriminación o la ignorancia como mal menor? (y prefiero pensar en esta última, de verdad, como causante de todo).
Hay que ser más fiel a los hechos y no mienta, si, digo mienta, cuando dice que varios familiares rodearon al entrenador “de repente” porque no es así como realmente pasó y aun le concedo la duda de no pensar que tiene usted algún interés oculto en tergiversar los hechos y defender a dicho “adolescente” pero, si lo que hizo el padre del niño estuvo mal por defender (de muy malas formas, repito, después de un cruce de insultos), a su mujer y a su hijo de un comportamiento ciertamente escandaloso de ninguneo, desigualdad y exceso en sus atribuciones, ¿Cómo puede justificar entonces que el padre de dicho entrenador (buena persona me consta) acuda a defender a su hijo de forma también violenta y con insultos aunque afortunadamente no llegaron a las manos?, ¿No será igual de reprochable aunque comprensible y repito sus palabras, “como haríamos cualquier padre”?
Pues como haríamos cualquier padre, ese padre fue a pedirle explicaciones a ese “adolescente entrenador” y se encontró con más burla y más desprecio.
Creo que debería usted enterarse bien de toda la historia y después opinar, y así le digo que de su primer ejemplo, como nada se, nada puedo opinar, ni quitar ni darle la razón. Usted que ha dicho que tiene hijos, espero y deseo que nadie le haga ningún desprecio a ninguno y no les hagan sufrir.
J.A











































































