
El Tábano
Los usuarios de la piscina climatizada del Palacio de Deportes de Benidorm estamos de enhorabuena. Y todo porque hemos sido bendecidos y honrados con la presencia de la primera dama de la ciudad, y no me refiero a la Sra. Gema Amor, sino a la esposa de nuestro Sr. Alcalde.
Y ustedes se preguntarán el porqué de tanta alegría. Me explico.
La piscina del Palau ha venido manteniendo regularmente, una temperatura entre 28 y 30 ºC. Pero he aquí, que con motivo de los recortes, ajustes, ahorro, falta de dinero, o llámenlo ustedes como quieran, al descoordinador de Deportes del Ayuntamiento de Benidorm D. Antonio Cruañes, porque el “botones del Palau”, osease el todavía director adjunto “Santi”, pinta muy poco por no decir nada, no se lo ocurrió otra cosa que la brillante idea de mandar bajar la temperatura de la piscina a 26 ºC; cosa que está dentro de los parámetros que marca la ley, pero que dice muy poco del estudio, conocimiento y sensibilidad sobre el tipo de usuario que venimos utilizando la piscina con asiduidad.
Pues bien, nos cuentan que como la primera dama utiliza la piscina, al encontrarla fría tras la bajada de temperatura, se quejó a su marido (Alcalde) quien ordenó al Sr. Concejal (“el Murciano”) y este a su vez al susodicho descoordinador de Deportes, la inmediata recuperación de los 28 ºC en menos de 24 horas.
Los abonados al Palacio de Deportes de Benidorm, rogamos a tan ilustre dama a que utilice el Gimnasio del Palau, para que de esta manera también arreglen inmediatamente las goteras, los espejos rotos, las máquinas y sobre todo para que siempre que esté abierto haya una persona cualificada y experta que nos oriente, aconseje, cuide y mantenga la instalación.
Sr. Alcalde, por favor, a usted que le gusta tanto eso de contratar a “amiguetes” (le recuerdo que esta semana han entrado al Palacio 5 ó 6 nuevos contratados), nombre a su señora esposa: Concejala de Deportes, Coordinadora, Directora, Técnica, Asesora o lo que usted quiera, pero líbrenos de tanto inútil y tengamos por fin a alguien con sentido común.
Al final la vida pone a cada uno en su sitio, y ya sabemos que quien verdaderamente manda no es el pobre “Gostinet” sino la “Dolçor de la casa”











































































